Por: Lic. Carlos E. Navarro Guzmán.- Coordinador de Programas Educativos del Consejo Consultivo de Desarrollo Económico de Playas de Rosarito A.C.
“Tenemos dos orejas y una sola boca, justamente para escuchar y hablar menos”.
Zenón de Citio (333 – 264 a.C.) Filósofo estoico griego.
Hay hijos que no se comunican con sus padres, alumnos que no se comunican con sus maestros o empleados que no se comunican con sus jefes por una simple razón: padres, maestros y jefes no saben escuchar.
Muchos creen que conversar es más hablar y que escuchar es una actitud pasiva. En realidad escuchar es una actividad que requiere mantener la atención para poder captar lo que otra persona nos dice, procesar esa información y comprender el mensaje transmitido.
En las relaciones humanas, el escuchar es una norma de cortesía y respeto muy valorada por los demás, pues les hacemos saber que lo que dicen es importante y merece nuestra atención. Si algo no entendemos es conveniente preguntar y pedir aclaraciones.
Si los padres no tenemos actitud de escuchar, nuestros hijos difícilmente hablarán con nosotros. Nuestros hijos ya se la saben: -¡ Más tarde hablamos ¡ - le dice mamá a su hija adolescente, sin dejar de hacer los quehaceres y sin siquiera mirarla. El tono de voz alto y los gestos acusadores de mamá anuncian ya su clásico monólogo. - ¡Si, ya sé¡ -responde la adolescente con enfado y mejor se encierra en su cuarto.
Situaciones como éstas desalientan el diálogo auténtico en el seno de la familia. Escuchar a nuestros hijos les ayuda a definir sus sentimientos. Hay niños y adolescentes que hacen sus berrinches al hacer la tarea y mejor la avientan. Se van a la tele o a los videojuegos. Conviene evitar regañarlos, solicitar con firmeza que vuelvan a la tarea y explicarles que lo que sienten es frustración tal vez ante cosas que no entienden. Una pregunta -¿Qué es lo que no entiendes? Les muestra que los escuchamos y ellos se sienten atendidos.
Es bueno aprovechar cualquier momento diario para escuchar a nuestros hijos: cuando hacen las tareas, cuando juegan, cuando comen juntos o salen a dar un paseo. También es bueno buscar un rato diario para hablar y escucharlos prestándoles la máxima atención (nada de que estoy viendo la novela, hablando por celular o por radio o leyendo el periódico, mientras nuestro hijo habla). Iniciemos nosotros la conversación y ahondemos en el tema que les interesa o preocupa por medio de preguntas que les ayude a clarificar su expresión.
Algunos tips para desarrollar nuestra capacidad de escucha son: establecer un contacto visual, hablar con voz sosegada y firme, mostrar una cara amable y orientar la cabeza hacia quien habla, ponernos a su altura, mantener una postura relajada, asentir con la cabeza cuando se está de acuerdo; demostrar con nuestra actitud respeto e interés por lo que nuestros hijos nos están diciendo.
Escuchar es un aprendizaje que no se logra de un día para otro, lleva su tiempo, pero vale la pena el esfuerzo pues lleva implícito el objetivo de la buena comunicación la cual logra la comprensión, el entendimiento y por ende el amor.
Que no nos pase que, al correr de los años, cuando nuestros hijos crezcan no sepamos encarar una conversación sin terminar a gritos. Empecemos hoy a practicar la escucha.
Reflexiona: ¿cuántas veces te ha pasado que respondes a algo sin haber escuchado totalmente a lo que se te dice?, ¿qué beneficios le encuentras a saber escuchar?
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