domingo, 26 de septiembre de 2010

El apego a la legalidad y sentido de la justicia.

Por: Michelle Sánchez Núñez.- Estudiante de 5to. semestre de la Carrera de Comunicación de la Universidad Iberoamericana Noroeste Tijuana, residente de Playas de Rosarito.


“Una cualidad de la justicia es hacerla pronto y sin dilaciones; hacerla esperar es injusticia”

Jean de la Bruyere (1645-1696) Escritor francés.

“Desde el inicio de la humanidad la mujer ha sido discriminada, subyugada a guardar silencio delante del hombre, dedicada únicamente a parir hijos y la crianza de los mismos, negándosele derechos únicamente por meros decretos religiosos e ideas machistas que se establecieron en el desarrollo de las civilizaciones antiguas”
En la clase de periodismo se nos ha vuelto un hábito leer un libro cada mes, costumbre que se ha adquirido gracias a nuestra maestra. Hace unos días acabo de terminar el primero de la lista, del cual quiero comentar en estas líneas de manera muy general lo que reflexioné mientras leía las 600 páginas de “Los hombres que no amaban a las mujeres” del autor Stieg Larsson.

El libro muestra de forma detallada la dedicación de un periodista comprometido a decir la verdad, sacar a relucir todo aquello que va en contra de las normas éticas y sociales, todo lo que obstruya al desarrollo de una sociedad que espera la seguridad y fiabilidad de las instituciones en las cuales confían.

De toda la novela de Larsson voy a tomar dos temas que sirven de comparación a la realidad que atraviesa México actualmente, el primero: la vida de un periodista que trabaja en una revista a quien se le acusa de difamación por haber caído en una trampa y no tener pruebas verdaderas que demuestren el fraude de un hombre importante en su país; segundo: la investigación que realiza estudiando todos los detalles con especial dedicación para conocer qué le sucedió a una mujer que suponían había sido asesinada desde hace tres décadas, pero nunca fue encontrado su cuerpo, ni tampoco al responsable de su desaparición. El periodista tras una gran búsqueda y recopilación de información logra dar con el paradero de Harriet, también logra descubrir los asesinatos que realizó su padre y su hermano, quienes abusaron y mataron a mujeres de la manera mas cruel sin haber sido descubiertos y sin recibir ningún tipo de castigo.

Actualmente en México hay cientos de periodistas muertos, desaparecidos y amenazados por intentar o transmitir noticias que perjudiquen intereses de ciertas personas del poder, llámese narco o gobierno, lo peor es que no haya quien pueda defender los derechos de estos periodistas de los cuales su único interés es informar y contar historias.

También podemos relacionar el libro con la situación de Juárez, a quien la revista Nexos tituló en la portada de su edición #390 “Juárez la vida breve”, lugar donde reina la violencia sin medida, la migración es atroz, muchos huyen del poder del narco, que aseguran algunos se han adueñado del estado. Territorio, que como diría el himno nacional, vive en un “Grito de Guerra”, pero contra un sufrimiento mudo de familias que perdieron hijas, madres, hermanas primas etc. y han aprendido a vivir con esa pérdida. Todavía recuerdo el llanto y dolor reclamando justicia en los medios de comunicación, también recuerdo las voces de las autoridades del estado y el presidente asegurando justicia, mismas voces que gritaron ¡viva México! el pasado 16 de Septiembre. Algunos afirman que la desaparición de mujeres en Juárez ha terminado, todo marcha a la normalidad, las jóvenes solteras o madres de familia ya no tienen por que alarmarse y caminar con temor en las calles, otros aseguran que solo existe la injusticia, que hay un pueblo inconforme que se ha acostumbrado a vivir rodeado de impunidad y resignación.

Bien diría Simone de Beauvior “Los problemas de mujeres, siempre han sido problemas de hombres”.

¿Que puede pasar en una sociedad en donde la impunidad se ha vuelto una costumbre?

¿A que valores personales, códigos éticos, normas cívicas, reglas de urbanidad y buenas costumbres, reglamentos (de casa, escuela, trabajo o de cualquier otra índole) y leyes te quieres comprometer a apegarte para contribuir a la construcción de una sociedad mas justa tanto para las mujeres como para los hombres?

La dignidad humana.

Por: Pbro. Francisco Landa.- Párroco de la Parroquia de Nuestra Sra. Del Rosario de Fátima de Playas de Rosarito y encargado de la Comisión Diocesana de Pastoral de la Arquidiócesis de Tijuana.

“Al negarse con frecuencia a reconocer a Dios como su principio, rompe el hombre la debida subordinación a su fin último, y también toda su ordenación tanto por lo que toca a su propia persona como a las relaciones con los demás y con el resto de la creación.” (Gaudium et Spes n. 13 – Documento del Concilio Vaticano II).

Particularmente la violencia que se ha extendido en nuestros días en México, llegando a niveles insospechados hace unos años, tocando ya prácticamente a cada familia, nos plantea la pregunta con especial urgencia acerca del valor que tiene una persona para los demás. ¿Su valor radica en lo que tienen, en lo que saben, en su ideología, en su experiencia, en su belleza, en su productividad, en su cultura?

Incluso podríamos preguntarnos: ¿el valor se lo damos nosotros? ¿No tiene un valor en sí mismo?

Buscar una respuesta nos pone frente a la gran pregunta: ¿quién es el hombre?

Los obispos reunidos en el Concilio Vaticano II afirmaron “Muchas son las opiniones que el hombre se ha dado y se da sobre sí mismo. Diversas e incluso contradictorias. Exaltándose a sí mismo como regla absoluta o hundiéndose hasta la desesperación. La duda y la ansiedad se siguen en consecuencia. La Iglesia siente profundamente estas dificultades, y, aleccionada por la Revelación divina, puede darles la respuesta que perfile la verdadera situación del hombre, dé explicación a sus enfermedades y permita conocer simultáneamente y con acierto la dignidad y la vocación propias del hombre. (Gaudium et Spes n. 12)

¿Cuál es esta respuesta que da la Iglesia? Aquí solo podría enunciarla en forma sintética, pero podemos ampliarla acudiendo al rico magisterio de la Iglesia Católica. Todo él busca responder al misterio del hombre desde el misterio de Dios hablándole al hombre de cada época desde sus propias circunstancias. Un libro básico para cada católico puede ser el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica y una Biblia leída y meditada bajo la guía de sus pastores.

Intentando responder brevemente podemos decir que la dignidad de la persona humana se funda en Dios que creó al hombre a su imagen y semejanza. Lo dotó de inteligencia, libertad y voluntad. Le concedió la capacidad de discernir entre el bien y el mal asegurándole en el bien la felicidad y en el mal su perdición. Es Él quien le da un gran valor, superior incluso al que tiene el resto de la creación, pues lo puso como señor del mundo, aunque siempre bajo el señorío de Dios.

Al hombre le fue concedido un soplo divino que le capacita relacionarse con Dios y aspirar a la eternidad. Estamos hablando de una vida espiritual, interior que le da sentido y orientación a todo lo demás.

Dios ve en el hombre, en todo hombre, un hijo a quien ama profundamente y a quien quiere feliz. El daño que las personas se hacen a sí mismas desorientadas por el pecado no pasa desapercibido para Dios, quien exclama a Caín después que éste mató a su hermano Abel: “Dónde está tu hermano?”. Este daño ocasionado entre las personas sube como un clamor a Dios que defiende al débil y abatido y ofrece un camino exigente de reconciliación a quien se ha equivocado.

Frente a la realidad dolorosa del pecado, que dañó seriamente el proyecto que Dios tenía para el hombre y que se expresa justamente en el desorden, en la confusión, Jesucristo, el Hijo enviado del Dios Padre, los seres humanos encontramos el camino de una reconstrucción de nuestra identidad y dignidad. Él es quien dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie va al Padre si no es por mi”, y también dijo: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.

En Jesucristo tenemos, pues, la esperanza de una nueva humanidad en la que el hombre reconozca toda la grandeza que tiene como ser humano y también la grandeza de su vocación, de su llamado a sembrar el amor, la paz, la justicia y la fraternidad en esta vida para aspirar a la vida eterna.

Esta respuesta que nos viene desde la fe en Dios ancla a la dignidad en algo superior, no arbitrario. El valor de las personas, su dignidad, no se la dan otras personas, sino Dios mismo.

El problema es que muchos han dejado de creer en Dios

Preguntas:

¿Qué hace que una persona sea digna?

¿Cómo valora usted a las personas a su alrededor, desde su interior o desde su exterior?